La sal, este «asesino escondido», y su cómplice, el azúcar se encuentran en nuestros alimentos por las razones más malas que sean:
- Él devuelve la mercancía más pesada, reteniendo agua,
- Él refuerza el gusto de un producto insípido porque de segunda elección, mal conservada, o diluida en algún «excipiente» barato,
- Él da sed, pues anima el consumo de bebidas (ellas mismas saladas y azucaradas).
Hipertensión, Obesidad, Diabetes y déficit de la Seguridad Social. ¿Nuestra salud vale pues menos cara que sus provechos?
¡Europa debe considerar sal y azúcar como contaminantes nocivos y forzar a limitar sus concentraciones en nuestros platos!
Y después de todo, aquello les gustan a quienes los gustos salados y azucarados guardarán toda libertad de añadir sal y azúcar en polvo.
Terrano